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    Ultraderecha derrotada
Manuel Camacho Solís
13 de noviembre de 2006

La derecha hizo lo de siempre, pero ya no le funcionó. Gastaron billones. Utilizaron sin límites la propaganda negativa. Utilizaron la estrategia del miedo. Contaron con el mejor experto (Karl Rove) para asesorarlos. Sin embargo, nada fue suficiente. La realidad terminó por imponerse. El electorado ya había dejado de creer. La intervención en Irak era ya, a los ojos de muchos de quienes antes apoyaron al presidente Bush, un error y un evidente fracaso.

La victoria de los demócratas representa la derrota de la ultraderecha. Los ciudadanos cambiaron la mayoría. Por encima de la economía, fue Irak la causa de su derrota. Con ello, desde el punto de vista histórico, hay un punto de quiebre de una hegemonía neoconservadora (de los neocons) que parecía inamovible. Con las elecciones intermedias en Estados Unidos se introduce un principio de rectificación en su política exterior que llevó al abandono de la política multilateral y a la aventura imperial.

Hasta hace poco, los demócratas habían estado a la defensiva. No se atrevían, siquiera, a cuestionar de manera franca la intervención en Irak. Esta situación cambió conforme se fueron acercando las elecciones: los demócratas tomaron la iniciativa en contra de la guerra, o mejor dicho en contra del fracaso en esa guerra. Hace apenas tres meses, pocos hubieran imaginado este resultado. Todo cambió en octubre, como había ocurrido en su momento con la intervención en Vietnam. El recrudecimiento de la guerra (las imágenes de la televisión sobre Bagdad y el recuento de los soldados estadounidenses muertos) llegó a un punto tal que los ciudadanos se convencieron del fracaso de la política. Lo que les había dicho su presidente no estaba ocurriendo ni parecía posible que pudiera ocurrir. El liderazgo de Bush descansaba en la confianza que la mayoría de los estadounidenses le tenía a su política para hacer frente al terrorismo.

Después de años, los demócratas lograron tomar la iniciativa. Cuando antes no se atrevían siquiera a cuestionar marginalmente al presidente, ahora se decidieron a encabezar lo que ya era un nuevo estado de ánimo social. La derrota es tan contundente que el propio presidente Bush empezó a tomar de inmediato las medidas correctivas, pidiéndole al secretario de Defensa, su renuncia.

Se vino abajo el sueño de los ultraconservadores. Irak ya no fue el ejemplo de democracia y prosperidad económica que anunciaron como modelo para el Medio Oriente. Es una tragedia donde han muerto cientos de miles de iraquíes y miles de estadounideses. Es también un fracaso económico, pues no lograron finalmente disponer de su potencial petrolero y les ha significado un altísimo costo económico que, según Joseph Stiglitz, puede llegar a 2 trillones de dólares.

Su objetivo principal de contener al terrorismo y cambiar los equilibrios en la región no se ha alcanzado. Hamas es más fuerte en Líbano. El odio que ha sembrado la intervención ha aumentado las posibilidades de reclutamiento para las organizaciones terroristas y creció la oposición interna en los estados autoritarios que son sus aliados. Y los estados "enemigos", a los que asoció con el terrorismo, principalmente Corea del Norte e Irán, siguen preparándose para tener armamento nuclear. La guerra en Irak no significó ni más influencia, ni riqueza, ni seguridad. Por el contrario: deja debilitados a la economía estadounidense, el prestigio de EU en la región y su seguridad. Es un gran fracaso que los electores se cobraron en un referéndum sobre la guerra.

El cambio ocurrido en EU deja dos lecciones a México. Uno, las elecciones no se ganan siempre con estrategias del miedo. La realidad termina por imponerse sobre los designios de los estrategas electorales; se necesita sólo un poco de tiempo. Dos, ni la potencia más poderosa puede gobernar a partir de designios ideológicos que excluyen a los demás, aun cuando su seguridad esté en riesgo. Mientras se mantengan abiertas las posibilidades de competencia electoral, la prepotencia, los engaños y la ineficacia tienen un límite. La ultraderecha resultó ser más frágil de lo que parecía.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo). En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.
 
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