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    Sepúlveda y Zaldívar
Manuel Camacho Solís
20 de noviembre de 2006

Arturo Zaldívar fue retirado de la terna para ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que el Presidente de la República presentará al Senado. Es exactamente el mismo proceder de cuando Bernardo Sepúlveda fue retirado de la última terna. En ambos casos, dos prestigiadísimos abogados que tienen los más altos méritos profesionales y que han dado muestras de autonomía a lo largo de su vida, son sustituidos por funcionarios confiables para el régimen. Con ello se pierde la oportunidad de oxigenar un poder urgido de prestigio, autonomía y efectividad, en un momento político donde el conjunto de las instituciones está siendo sometido a una ruda prueba y su legitimidad es cuestionada por una parte considerable de la población.

El asunto no es personal; tiene que ver con los intereses del Estado. Bernardo Sepúlveda fue de inmediato reconocido por la comunidad internacional y ahora despacha con la más alta jerarquía que puede tener un juez en La Haya. Arturo Zaldívar seguramente seguirá despachando desde su bufete privado, donde ha tenido una exitosa vida profesional. Lamentablemente sus conocimientos de derecho constitucional -de los que está urgida la Corte- no podrán ser aprovechados en beneficio de la sociedad.

En el caso de Bernardo Sepúlveda, se le engañó desde los más altos niveles del gobierno y de la fracción panista del Senado. Se le ofreció que sería ministro de la Corte. Se utilizó su nombre para prestigiar el proceso. Pero al final, de manera tramposa, se le retiró el apoyo, en un contubernio entre el gobierno y una de las facciones del PRI. En el caso de Arturo Zaldívar, su nombre fue sustituido por el de un cuadro del foxismo, por María Teresa Herrera, que fue avalado por el presidente electo, pues fue recibida en la casa de campaña donde se tomó la decisión final, luego de otra reunión en Gobernación donde estuvo el consejero jurídico del Presidente, y después de que se habían hecho las consultas respectivas en la propia Corte.

Sepúlveda y Zaldívar no tienen filiaciones políticas adversas al régimen. Su pecado es, en todo caso, su criterio independiente. Sepúlveda lo demostró, incluso siendo funcionario del gobierno, con la dignidad con la que condujo la política exterior de México hacia Centroamérica, en plena guerra fría, cuando allá había insurrección armada y guerra civil. Zaldívar ha dado muestras de su independencia al presentar sus posiciones en los distintos foros y barras donde actúa.

La decisión de excluirlos se tomó con un criterio estricto de control político, faccioso. Si cuando se excluyó a Sepúlveda, la decisión resultaba ofensiva, ahora, la exclusión de Zaldívar es aún más preocupante. En medio están las elecciones presidenciales. Se está actuando como si nada hubiera pasado. Se están desperdiciando las oportunidades de rehacer, aunque sea paso a paso, la credibilidad de las instituciones.

Conozco las líneas de argumentación con las que se defenderá la decisión: se está procediendo conforme a la ley y es facultad del presidente nombrar la terna. Así se hace en todos lados. En Estados Unidos también los presidentes proponen e impulsan a personalidades que les son políticamente afines. Es cierto, sólo que la Corte Suprema de EU es una institución con 150 años de prestigio acumulado que pudo resolver sus propias crisis de legitimidad, precisamente tomando decisiones correctivas que la prestigiaron.

Aquí estamos en una situación donde alguien tiene que pensar en el Estado. Esa manera de razonar no está saliendo de la Corte, como se demostró en la forma como ésta se retrajo frente al problema electoral y en algunos descuidos evidentes, como el desafuero. Armada de un formalismo extremo, la Corte se protege. Mientras afuera, la inconformidad social es muy alta y el crimen organizado está totalmente fuera de control. Quien primero debería pensar en términos del Estado, debería ser el presidente electo. A nadie más que a Felipe Calderón le convendría empezar a contener el faccionalismo de la política, para reconstruir la legitimidad de las instituciones. Su intervención para cambiar a Zaldívar por Herrera va en el sentido contrario.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo). En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.
 
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