Resulta poco comprensible que el asunto de las coaliciones haya provocado tal escozor político, que produjo la renuncia del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, al PAN, del que su padre fue fundador y en el que ha militado toda su vida. Las alianzas entre partidos con ideologías distintas, y hasta contradictorias, se han dado por mucho tiempo. El partido Católico Nacional Independiente y el Constitucional Progresista se aliaron para apoyar la candidatura de Madero. En 1919, los partidos Laborista Mexicano, Liberal Cooperativista y Nacional Agrarista apoyaron la candidatura de Álvaro Obregón. En 1976 el PPS de Jorge Cruickshank se unió al PRI para apoyar la candidatura única de José López Portillo. También a nivel de elecciones para gobernador se han aliado partidos opositores entre sí como el PAN y el PRD en Chiapas en contra del PRI para conseguir el triunfo de Pablo Salazar Mendiguchía en la elección del año 2000. Las alianzas ya no representan novedad alguna, ¿Entonces? La legislación electoral sólo exige un “acuerdo de coalición” para hacer saber al electorado los términos de la alianza. En el caso de Oaxaca, el PRD y el PAN deberán informar a los oaxaqueños los términos en que pactaron su alianza. Sobre todo porque en ese estado, su código electoral, establece la obligatoriedad de la coalición “total”, es decir, no sólo para la elección de gobernador, sino también para diputados y hasta concejales en los ayuntamientos. El requisito de la totalidad no se menciona en la legislación poblana y en la de Durango sólo se reconoce para la elección del mandatario local, mientras que en Hidalgo se permiten las coaliciones totales y parciales, ¿Entonces? No es desde luego fácil un acuerdo de coalición, sobre todo entre partidos que tienen posturas antitéticas en temas torales de sus principios y valores. ¿Si gana la alianza de Oaxaca, se abstendrá el PRD de impulsar la legislación que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo y la adopción de menores? Sería incongruente con lo que hizo en la Asamblea del DF. ¿O bien el PAN desistirá de confrontar esa legislación? en cuyo caso tendría que retirarse la acción de inconstitucionalidad que presentó el gobierno panista por conducto del procurador Arturo Chávez Chávez ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación en contra de los matrimonios gay y la adopción. Estos partidos tendrán que especificar sus acuerdos y desacuerdos, y los electores decidirán. Quizás esas dificultades son las que reflejan las encuestas sobre las alianzas publicadas hace dos días en EL UNIVERSAL. La población en general como los militantes del PRI, PAN y PRD, y los independientes encuestados, con diversos grados de rechazo, están en desacuerdo con las coaliciones. Lo que probablemente ha problematizado el tema de las colaciones, no ha sido tanto la figura en sí misma, como el uso político fuera de la contienda que se ha hecho de ella, sobre todo por Felipe Calderón. No es posible pensar ni que Gómez Mont hubiese pactado con el PRI la aprobación del presupuesto a cambio de la no coalición del PAN con el PRD, sobre todo en Oaxaca, sin que su jefe lo supiera, ni que César Nava se hubiese coaligado con el partido del sol azteca sin la bendición presidencial. ¿Entonces? La única respuesta lógica es que Calderón quiso ambas estrategias a la vez, aunque fuesen mutuamente excluyentes: que se aprobara el presupuesto (con el PRI), y ganar Oaxaca (contra el PRI), esto es, como me decía mi abuela cuando le pedía cosas simultáneas y contrarias, “Tú lo que quieres es hacha, calabaza y miel”, y eso no es posible sin consecuencias adversas. Por lo pronto ya afectó su propia reforma política, pues el PRI jamás la aprobará en los términos de su autor. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM |