Recibí con pesar la noticia del fallecimiento de don Luis Colosio Fernández, ocurrida en Hermosillo la madrugada del sábado 6 del mes en curso. Tuve con él una espléndida relación, estimulada por su hijo Luis Donaldo, quien fuera muy querido amigo personal. Y ello no obstante (me refiero a la entrañable relación filial de Donaldo con su padre), de don Luis tuve siempre la grata percepción de la cuidadosa distancia, de la discreción y la prudencia, conforme crecía en el horizonte político la estatura de su hijo primogénito. Descubrí en él a un hombre cabal, que sabía reconocida y respetada su autoridad de padre, como también reconocía y respetaba la autoridad de Donaldo. Ambos, padre e hijo, mantenían una profunda y sólida relación, plena en el afecto y en el entendimiento, a veces silencioso pero siempre compartido, de las aspiraciones y los sueños de la sociedad mexicana. Tenía luz propia don Luis Colosio Fernández. Luz propia que lo llevó a desempeñarse con solidez y eficiencia tanto en empresas y organismos regionales, como en el ayuntamiento de Magdalena de Kino, comuna en la que fue síndico, regidor, secretario y presidente municipal. Siendo gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones tuvo la fortuna de tenerlo en su equipo como secretario de Fomento Ganadero; luego don Luis habría de ser delegado de la Secretaría de Agricultura en esa entidad. Su último cargo público lo ocupó de 2000 a 2006, como senador del Partido Revolucionario Institucional, si bien no pudo terminar el periodo por motivos de salud. Pero más allá de sus empeños y desempeños, a don Luis Colosio Fernández debemos recordarlo todos por su enorme calidad humana, virtud también propia de su esposa, doña Ofelia Murrieta García. Sabido es que tanto en don Luis como en doña Ofelia fluye la ascendencia italiana, proveniente del siglo XVI. Esta circunstancia y la vida familiar en provincia moldearon, tal vez, las columnas vertebrales con que ambos fueron ejemplo para sus seis hijos: Donaldo, el primogénito, y sus hermanas y hermanos Martha Ofelia, Laura Elena, Víctor Manuel, Marcela Dolores y Claudia María. Después de la muerte de Donaldo, como lo llamaba coloquialmente, don Luis aceptó llevar sobre sus hombros, con dignidad, una vida de acusados contrastes: de los afectos y amigos entrañables que su hijo supo sembrar, al enorme dolor de su ausencia; de la esperanza, a la frustración. “La fe lo sostuvo y supo ser pilar de su familia hasta el final”, escribió Samuel Palma de don Luis Colosio Fernández. El hombre que siempre exigió justicia, nunca venganza, por el artero asesinato de su hijo. Hace algunos años, en uno de los actos luctuosos en memoria de Donaldo (en los que siempre estuvo al frente), dijo don Luis Colosio Fernández: “La sangre derramada de mi hijo, se une hoy al sacrificio y al anhelo de muchas generaciones y hombres de todas las corrientes de pensamiento para impulsar este nuevo aire democrático que oxigena la República. Hoy, es crucial para la nación y su presidente, aprender las lecciones del ayer, escuchar las voces quebradas por el dolor de la injusticia, las razones expresadas en cada rostro agraviado; para responder a las expectativas del pueblo, para recuperar la confianza, para evidenciar que México no se equivocó”. Vale. luismaldonado@senado.gob.mx Coordinador del grupo parlamentario de Convergencia en el Senado de la República |